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La semana pasada, el Gobierno aprobaba la Estrategia Española de Economía Circular con el objetivo de reducir la generación de residuos y mejorar la eficiencia en el uso de recursos. El plan, denominado ‘España Circular 2030’, marca objetivos para la próxima década, a través de sucesivos planes de acción trienales, para reducir en un 30% el consumo nacional de materiales y recortar un 15% la generación de residuos respecto a 2010.

Esta iniciativa supone un salto cualitativo en la forma de afrontar y gestionar la economía hasta ahora, de forma lineal en su gran mayoría, para comenzar a trazar las líneas maestras hacia una economía circular, impulsando un nuevo modelo de producción y consumo en el que el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantengan en el sistema durante el mayor tiempo posible, en el que se minimice la generación de residuos y se aprovechen al máximo aquellos cuya generación no se haya podido evitar.

No es casualidad que esta medida gubernamental vea la luz en este momento. La coyuntura social y económica como consecuencia de la crisis del coronavirus ha dejado un panorama desolador: destrucción de empleo, desaparición de empresas, reducción del Producto Interior Bruto y una gran incertidumbre sobre las perspectivas de futuro. La Estrategia Española de Economía Circular llega para erigirse como una de las piedras angulares sobre las que construir la recuperación. Además, con el valor añadido de llevarlo a cabo bajo las directrices de sostenibilidad que marca la economía verde.

La adopción de esta iniciativa parte de un borrador fechado en 2018 y estaba prevista en la Declaración de Emergencia Climática y ambiental aprobada en enero de 2020, que la incluye entre las líneas prioritarias de actuación, y es coherente con el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que se fija como objetivo la consecución de la neutralidad climática, como muy tarde, en 2050.

Además, entronca con las principales iniciativas internacionales en materia medioambiental, como la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible o el Acuerdo de París sobre el cambio climático, así como con los postulados del Pacto Verde Europeo y de los dos Planes de Acción de la Comisión Europea en Economía Circular, publicados el pasado mes de marzo.

La estrategia busca lograr una economía competitiva, sostenible, descarbonizada, limpia y eficiente en el uso de los recursos. Aboga por una transición justa y solidaria hacia un nuevo modelo que promueva la protección del medio ambiente y la transformación del sistema productivo y, al mismo tiempo, el progreso y el bienestar económico y social.

Para conseguir este reto es necesaria la colaboración, participación e implicación de toda la sociedad: las Administraciones Públicas, como agente tractor, pero también es imprescindible la cooperación de todos los sectores económicos -fabricación, producción, distribución y gestión de residuos-, que han de incorporar la innovación como elemento clave para lograr los objetivos propuestos. Además, esta estrategia prevé que los agentes sociales jueguen un papel fundamental y, muy especialmente, los consumidores y ciudadanos, cuyas decisiones de compra de productos, así como su compromiso con la separación de residuos, serán primordiales.

Otros objetivos destacados de la estrategia son: reducir la generación residuos de alimentos en toda cadena alimentaria (50% de reducción per cápita en los hogares y consumo minorista y un 20% en las cadenas de producción y suministro a partir del año 2020, contribuyendo así a los Objetivos de Desarrollo Sostenible); aumentar la reutilización y preparación para la reutilización hasta llegar al 10% de los residuos municipales generados; mejorar un 10% la eficiencia en el uso del agua; y reducir la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los 10 millones de toneladas de CO2 equivalente.

El plan establece ocho líneas de actuación, de las cuales, cinco están directamente relacionadas con cerrar el círculo: producción, consumo, gestión de residuos, materias primas secundarias y reutilización del agua. Y las tres restantes, con carácter transversal: sensibilización y participación, investigación, innovación y competitividad, empleo y formación.

Byproductplace ve la luz, precisamente, en una coyuntura política, económica y social orientada a impulsar la economía circular, por lo que refuerza aún más la apuesta por ser un agente activo dentro de la maquinaria colaborativa necesaria para conseguir los objetivos de esta estrategia gubernamental. Si quieres conocernos y saber cómo vamos a participar en el logro de estos desafíos, contribuyendo a una óptima gestión de suproductos y residuos, visita nuestra web y haznos llegar tu consulta.

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