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El sector agrícola almeriense lo ha demostrado una vez más. Está preparado para afrontar un nuevo salto cualitativo. Así lo ha puesto de manifiesto en virtud del balance que puede hacerse transcurridos dos meses y medio desde que se decretó el estado de alarma en España el pasado 14 de marzo (Real Decreto 463/2020) para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el coronavirus.

El campo almeriense no ha parado desde aquel 14 de marzo. Su actividad se ha mantenido porque los tomates, pepinos, calabacines, sandías y melones no entienden de pandemias. Su ciclo vegetativo continúa y necesitan ser recolectados y seguir el resto del proceso de la cadena agroalimentaria, hasta llegar al consumidor.

Precisamente esta constancia ha puesto en valor, de nuevo, al sector agroalimentario almeriense, que ha demostrado su capacidad para garantizar el suministro de alimentos con todas las garantías de calidad y seguridad alimentaria, con el añadido de los protocolos establecidos para las medidas de higiene ante el riesgo de contagio por Covid-19.

La agricultura almeriense lleva décadas utilizando sus propios protocolos y medidas de prevención e higiene sanitarias, cumpliendo a rajatabla con las estrictas exigencias del mercado, principalmente, aquellas de las grandes superficies alemanas e inglesas, que son las más rigurosas (para los productos de origen europeo, no así para los de países terceros). Gracias a ello, los agricultores almerienses tenían ya gran parte de llos ‘deberes’ hechos a la hora de afrontar la situación provocada por el coronavirus. Algo que, unido a su profesionalidad, su espíritu innovador y su rápida capacidad de adaptación, demostrada ya en anteriores crisis como la del isofenfos metil y la del E.coli, ha servido para situar al campo almeriense como un referente nacional e internacional.

Las cifras así lo ponen de relieve. Todas las previsiones apuntaban a que Almería sería una de las principales zonas de aumento de contagios por coronavirus, debido al gran número de personas que trabajan directa e indirectamente con el sector agro, lo que significaba que alrededor de la cuarta parte de la población debía olvidarse del confinamiento para continuar con su trabajo, considerado esencial, lo que multiplicaba de forma exponencial las posibilidades de contagio.

Sin embargo, la provincia de Almería se ha mantenido durante este tiempo en el ranking de las menos afectadas, con un ratio que apenas ha llegado a 8,5 contagiados por cada 10.000 habitantes. Y ahí está el gran mérito de su sector agrícola. Una vez más ha estado a la altura.

 Hacia la revolución 5.0

Si el campo almeriense ha sido un ejemplo ante la Covid-19, también lo será ante el reto de la digitalización, que ya ha comenzado y que marcará una nueva revolución para la agricultura de esta provincia. La primera de ellas llegó de la mano de la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea, lo que acabó con el cupo de exportación y multiplicó infinitesimalmente la posibilidad de vender al viejo continente; la segunda, con la apuesta por el control biológico, que permitió a Almería situarse a la vanguardia en seguridad alimentaria y sostenibilidad, minimizando el uso de químicos; la tercera, con la carrera emprendida por el sector hacia una mayor agricultura ecológica, con residuo cero y buscando un cliente dispuesto a pagar más; y la cuarta, la agricultura 4.0, ya está aquí. Es la agricultura de precisión, la encaminada a que el agricultor produzca más con menos recursos, optimizando el agua, el suelo y los insumos, convirtiéndose en más sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Sus armas, la tecnología y la biotecnología, aplicadas al campo.

Falta la quinta, la revolución 5.0 de la agricultura. Ya está llamando a la puerta y se centrará en una apuesta por la economía circular, apoyada en las herramientas y ventajas que le proporcionará la digitalización. Será su evolución natural. La economía circular se inspira en los ciclos de la naturaleza, que no genera residuos, y cuenta con todos los factores asociados a un sistema económico, incluido su sistema de incentivos. Pretende desvincular el crecimiento económico de la utilización de materiales y de energía, a través del mantenimiento del valor de los recursos (materiales, energía, suelo y agua) y de los productos, que permanecerían más tiempo en el ciclo productivo.

adentro, agricultura, agricultura moderna

Almería posee todos los ingredientes para apostar por este sistema: una agricultura intensiva a la vanguardia mundial, tecnificada y que optimiza el uso del suelo y el riego. ¿Por qué no va a ser capaz de adaptarse, una vez más, y trabajar bajo las directrices que marca la bioeconomía?

La agricultura intensiva almeriense y su industria auxiliar generan grandes cantidades de restos vegetales, subproductos y residuos. Desde hace décadas ha sido un problema cuya solución se ha convertido en un auténtico rompecabezas. Byproducplace ha analizado todas las variables de este desafío. Y hemos encontrado la respuesta para resolver la ecuación. Si formas parte del sector y quieres conocernos, llámanos o escríbenos. Te atenderemos encantados.

¡Nos vemos en la próxima!

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